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Una nueva guía para abordar el sobrepeso y la obesidad infantil

Cecilia Martínez Costa, coordinadora del Grupo de investigación en Nutrición Pediátrica de INCLIVA, Jefa de Servicio de Pediatría del Hospital Clínico Universitario de Valencia y Presidenta de la Comisión de Nutrición Clínica y Dietética del mismo centro, es una de las especialistas que ha participado en la elaboración de una nueva guía de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que aborda el sobrepeso y la obesidad en niños pequeños. 

La necesidad de realizar esta guía, que lleva por título “WHO releases guidelines to address overweight and obesity in children”, surgió ante la elevada prevalencia de la obesidad infantil en todo el mundo, y tiene como objetivo orientar sobre la valoración adecuada de lactantes y niños menores de 5 años en centros de atención primaria para reducir el riesgo de sobrepeso y obesidad. En caso de sobrepeso, se debe dar consejos a los padres/cuidadores de carácter nutricional y promocionar la actividad física. En caso de obesidad, tras la evaluación adecuada  se debe de establecer un plan de manejo proporcionando consejo nutricional si el profesional está preparado para ello o en caso contrario, remitiéndolo al hospital de referencia. 

La redacción del documento ha corrido a cargo del  “Grupo de desarrollo para la prevención de la obesidad en niños y adolescentes a través de las prácticas apropiadas de alimentación infantil y de lactantes” de la OMS, constituido en 2015 que tiene como autores al Topic Advisory Group for Nutrition, del que la Dra. Martínez Costa es co-presidenta. Actualmente, este grupo trabaja en la clasificación y terminología de los trastornos nutricionales para la versión 11 de la ICD o CIE (Clasificación Internacional de Enfermedades).

 

Obesidad infantil: un problema de salud global

Según datos de la OMS, en 2016 la obesidad afectaba a más de 40 millones de niños en todo el mundo. En España, y según el estudio ALADINO, su prevalencia se sitúa en torno al 18%.

Por otra parte, el informe Inchely de la OMS sobre obesidad en adolescentes y comportamientos relacionados reveló que el 19% de los jóvenes europeos (más de 1,4 millones de adolescentes entre 11 y 15 años) sufre esta enfermedad nutricional. Los porcentajes más elevados se encuentran en países del sur de Europa y el Mediterráneo, con Grecia a la cabeza seguido por Croacia, Portugal, España e Italia.

Tal y como explica la Dra. Cecilia Martínez, existen diversas causas que explican la obesidad infantil: “Sobre la base de una predisposición genética la obesidad infantil está condicionada principalmente, por un desequilibrio energético debido a la reducción del gasto energético principalmente de la actividad física, junto a la ingesta excesiva y/o desequilibrad”. “Entre los factores que contribuyen a la obesidad infantil se cuentan la falta de conocimientos nutricionales y las dietas poco saludables (ricas en azúcares y grasas), siendo éstas últimas más asequibles en las poblaciones con pocos recursos económicos. A nivel nutricional, otro factor favorecedor es la disponibilidad de comida rápida y de baja calidad. A esto hay que añadir la falta de actividad física de los niños en sus actividades cotidianas y en el colegio”. 

La Dra. Cecilia Martínez también asegura que en los países en vías de desarrollo se ha producido un efecto de la “doble carga de la malnutrición”, de forma que desnutrición y obesidad infantil coexisten. “Paradójicamente, en estos países nacer con un bajo peso seguido de un aumento rápido de peso por prácticas alimentarias inadecuadas aumenta el riesgo de obesidad posterior”. En países en vías de desarrollo la Guía desaconseja la provisión indiscriminada de alimentos suplementarios de rutina en los niños moderadamente desnutridos o con desnutrición crónica.

 

Complicaciones de salud durante la infancia que se mantienen en la edad adulta

La obesidad infantil tiene consecuencias negativas a corto y a largo plazo, algunas de ellas con efectos permanentes en la salud o que se manifiestan en la edad adulta. “Una vez instaurada la obesidad en el niño, la principal preocupación se centra en el desarrollo de complicaciones metabólicas y vasculares secundarias (dislipemia, hipertensión arterial, hepatopatía, diabetes tipo 2, trastornos ortopédicos, respiratorios, etc.). Estas comorbilidades, que antes eran propias del adulto, hoy constituyen un problema creciente y cada vez más precoz en nuestros niños y adolescentes”, explica.

A largo plazo, sobrepeso y obesidad infantil se relacionan con enfermedades en adultos que producen gran morbilidad y muerte prematura por problemas cardiovasculares. “En 2013 realizamos un estudio en colaboración con el Departamento de Nutrición de la OMS en escolares y adolescentes españoles. Analizamos la asociación de diversos factores de riesgo cardiovascular (tensión arterial, lípidos, índice de resistencia a la insulina…) con el grado de obesidad. Detectamos que el 90% de los niños obesos asociaba 1 factor de riesgo cardiovascular y el 40% 2 ó 3 factores, y que a mayor z-score del IMC (índice de masa corporal) más frecuente era la asociación de otros factores de riesgo cardiometabólico”.

Pero la obesidad no es el único trastorno alimenticio que sufren los niños y que tiene consecuencias muy negativas en su salud. También son frecuentes otros trastornos de la conducta alimentaria (TCA) como la anorexia infantil, que puede manifestarse en niños de entre seis meses y tres años y que, en la mayoría de los casos, es consecuencia de la falta de establecimiento de hábitos de alimentación adecuados en el ámbito familiar. Por otra parte, durante la adolescencia aumenta la prevalencia de otros TCA como anorexia nerviosa, bulimia o formas mixtas de ambas muy difíciles de detectar. “L@s escolares mayores tienen mayor tendencia a seguir una alimentación irregular, muchas veces acompañada de importantes errores nutricionales como perder el desayuno, comidas rápidas de baja calidad, regímenes de adelgazamiento no controlados, etc. Estos factores favorecen carencias nutritivas y, en aquellos casos en los que a éstas se suman trastornos de personalidad, es frecuente el desarrollo de TCA”.

 

El lugar clave para la adquisición de hábitos nutricionales saludables es el ámbito familiar y la escuela”

Según la Dra. Martínez Costa, la prevención de estos trastornos de alimentación es responsabilidad  tanto de gobiernos e instituciones como de padres, profesores o cuidadores. “Es necesario establecer hábitos de alimentación y conductas adecuadas desde los primeros años. En los más mayores, deben modificarse los estereotipos culturales y desarrollar programas escolares sobre conductas de riesgo, sobre hábitos de vida saludables (alimentación y ejercicio) y sobre cómo mejorar la autoestima (aceptación de la imagen e importancia de otras cualidades personales no vinculando el éxito personal con la belleza física)”.

Respecto a la implicación de las instituciones, concluye: “Tal y como apuntaba la Directora regional de la OMS para Europa  Zsuzsanna Jakab cuando se hizo público el informe de Inchely, se necesita una acción política ambiciosa para alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible para detener el aumento de la obesidad infantil: “Los Gobiernos deben centrar sus esfuerzos en romper este ciclo dañino”. En nuestro país, en 2005 el Ministerio de Sanidad puso en marcha la Estrategia NAOS (Estrategia para la Nutrición, Actividad Física y Prevención de la Obesidad), y en 2010 el Consejo Superior de Deportes puso en marcha el Plan Integral para la Actividad Física y el Deporte (Plan A + D) para el periodo 2010-2020 con el objetivo de promocionar activamente la actividad física en edad escolar. De esta forma, se propone conseguir aproximarse a la práctica de una hora diaria de actividad física escolar. Ello, junto con la instauración de programas que promuevan una alimentación más saludable, exenta de alimentos y bebidas obesogénicas, promete ser eficaz”.

 

Asesoramiento nutricional y nuevas investigaciones en la materia

El asesoramiento parece ser otra de las claves para prevenir la obesidad infantil.  “Resultados recientes de nuestro grupo de investigación evidencian que tras tres meses de intervención personalizada mediante asesoramiento nutricional y actividad física programada se ha reducido el z-score del IMC en todos los participantes, siendo mayor en aquellos pacientes que recibieron asesoramiento nutricional y de actividad física que en los que solo recibieron intervención nutricional y actividad física libre. Adicionalmente, también se ha visto un impacto positivo en la disminución del porcentaje de grasa corporal y en el perímetro abdominal”. En vista a estos resultados, la Dra. Cecilia Martínez confirma que resulta principal “desarrollar programas de formación en la salud para maestros. Por ejemplo, nuestro Departamento de Pediatría ha sido pionero en el desarrollo de una asignatura troncal en el grado de Magisterio (Universitat de València) denominada “Infancia, salud y alimentación” donde se imparten a los futuros maestros todos los aspectos relacionados con la prevención de las enfermedades nutricionales como la obesidad. También resulta necesario tomar medidas de control en la industria para elaborar alimentos infantiles más saludables y para el control de la publicidad engañosa.

Y por supuesto, la investigación sigue siendo muy necesaria. “Actualmente nuestro grupo participa en dos proyectos de la Universitat de València relacionados con la obesidad infantil con la colaboración de la Dra. Consuelo Borrás, investigadora del Grupo de Investigación en envejecimiento y ejercicio físico de INCLIVA. Uno de ellos  está financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad con 143.000 euros, y el otro pertenece al proyecto europeo GUTMOM: Maternal obesity and cognitive dysfunction in the offspring: cause-effect role of the GUT MicrobiOMe and early dietary prevention Entidad financiadora: JPI HDHL, dotado de 778.240 euros”.

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